He querido definir el poder que tiene la publicidad sobre la vida de las personas y pienso que la mejor manera es compartir mi propia experiencia.
Cuando me siento frente al televisor constantemente recibo mensajes que se iban quedando en mi mente: la música, el artista que presentaba, el sitio que me mostraban; cuando transito por la ciudad puedo ver vallas gigantes con frases que encajan perfectamente en mi mente; al ir a un almacén, tienda o centro comercial distingo los colores de una marca; ya cuando me encuentro en conversaciones con otros llega el nombre, y es que pueden ser solo tres letras pero está claramente identificada para aquellos que la conocemos.
Es tan fuerte el poder de la publicidad sobre nuestras vidas que cuando usamos el programa de mensajería instantánea, el correo electrónico gratuito o las redes sociales puedo ver en una esquina o con el contenido de una sola línea de información, un pequeño banner o el link a un sitio, es el precio que tengo que pagar por usar esta herramienta de manera gratuita.
Pensando es esto observo que los principios de la publicidad se manifiestan claramente, llaman mi atención todo el tiempo, llega a mis sentidos y capturan toda mi atención, genera en mi deseos a partir de los mismos y luego me lleva a actuar sea comprando, hablando, mirando haciendo.
Por supuesto no sigo todo lo que la publicidad me indica, sin embargo si me prepara para actuar o para adecuar los aspectos de mi vida respecto a lo que continuamente recibo.
En pocas palabras, aunque tengo cierta capacidad de filtrar lo que ingresa a mi ser no puedo bloquear todo lo está en mi ambiente.
Ahora bien, según lo observado y según mi profesión debo prepararme para estar en capacidad de generar este tipo de influencia sobre las personas y aprovechar el potencial propio y del grupo de trabajo para generar una dinámica social que impacte de manera positiva sobre cada uno de los receptores de mis mensajes.
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